Mantengo mi mano alrededor de la suya. La espuma brilla como la nieve. Un poco más allá, algo chapotea. Un pez, supongo. Algo pequeño e insignificante. Como nosotros.
[...]
Un momento de incertidumbre. Después, sus dedos en mis cabellos, enredándose entre mis rizos.
- Entonces, ¿por qué lloras, sirena?
