Tres hermanos viven en una casa:
son de veras diferentes;
si quieres distinguirlos,
los tres se parecen.
El primero no está: ha de venir.
El segundo no está: ya se fue.
Sólo está el tercero, menor de todos;
sin él no existirían los otros.
Aún así, el tercero sólo existe
porque el segundo se convierte en el primero.
Si quieres mirarlo
no ves más que otro de sus hermanos.
Dime pues: ¿los tres son uno?
¿o sólo dos?, ¿o ninguno?
Si sabes cómo se llaman
reconocerás tres soberanos.
Juntos reinan en un país
que ellos son. en eso son iguales.
************
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.
jueves, 30 de diciembre de 2010
La Leyenda del Rey Errante
- ¿Por qué quieres acompañarme?
- Por varios motivo, yo no todos tienen que ver contigo - replicó ella. - En primer lugar, quiero ver mundo. Quiero conocer las grandes ciudades del norte, como Palmira y Damasco. Quiero visitar el zoco de Yathrib y el templo de la Kaaba, en La Meca. Quiero ver los vergeles del sur. Y quiero ir más allá, si mi suerte me lo permite.
- Eres una mujer extraordinaria. -le dijo.
- Todas las mujeres lo somos -repuso ella con una sonrisa -. Pero hay otro motivo.
- ¿Cuál es?
- Que te quiero, por supuesto.
************************
<Entonces, ¿no hay destino?> se preguntó.
Observó con mayor atención y recorrió los caminos uno a uno, y se dio cuenta de que a menudo llevaban a sitios completamente diferentes a lo que había esperado. Sin embargo, vio que también en muchas ocasiones los caminos podían abandonarse, y aunque muchas veces los imprevistos modificaban totalmente las decisiones iniciales de las personas, también, más a menudo de lo que había creído, la voluntad y los sueños personales llevaban al caminante al lugar a donde deseaba llegar.
Descubrió también que que había muchos tipos de caminantes: aquellos que sabían adónde iban,; aquellos que creían saber adónde iban: aquellos que no sabían adónde iban y sufrían por ello: aquellos que no sabían adónde iban y no les importaba...
Infinitos caminos e infinitas personas que tomaban decisiones todos los días, decisiones que podía cambiar sus vidas, decisiones que tejían un futuro, o infinitas posibilidades de futuro.
- Por varios motivo, yo no todos tienen que ver contigo - replicó ella. - En primer lugar, quiero ver mundo. Quiero conocer las grandes ciudades del norte, como Palmira y Damasco. Quiero visitar el zoco de Yathrib y el templo de la Kaaba, en La Meca. Quiero ver los vergeles del sur. Y quiero ir más allá, si mi suerte me lo permite.
- Eres una mujer extraordinaria. -le dijo.
- Todas las mujeres lo somos -repuso ella con una sonrisa -. Pero hay otro motivo.
- ¿Cuál es?
- Que te quiero, por supuesto.
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<Entonces, ¿no hay destino?> se preguntó.
Observó con mayor atención y recorrió los caminos uno a uno, y se dio cuenta de que a menudo llevaban a sitios completamente diferentes a lo que había esperado. Sin embargo, vio que también en muchas ocasiones los caminos podían abandonarse, y aunque muchas veces los imprevistos modificaban totalmente las decisiones iniciales de las personas, también, más a menudo de lo que había creído, la voluntad y los sueños personales llevaban al caminante al lugar a donde deseaba llegar.
Descubrió también que que había muchos tipos de caminantes: aquellos que sabían adónde iban,; aquellos que creían saber adónde iban: aquellos que no sabían adónde iban y sufrían por ello: aquellos que no sabían adónde iban y no les importaba...
Infinitos caminos e infinitas personas que tomaban decisiones todos los días, decisiones que podía cambiar sus vidas, decisiones que tejían un futuro, o infinitas posibilidades de futuro.
lunes, 20 de diciembre de 2010
La Sombra del Viento
El corazón de la hembra es un laberinto de sutilezas que desafía la mente cerril del varón trapacero. Si quiere usted de verdad poseer a una mujer, tiene que pensar como ella, y lo primero es ganarse su alma. El resto, el dulce envoltorio mullido que le pierde a uno el sentido y la virtud, viene por añadidura.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Shakespeare in Love
Yo pretendo que haya poesía en mi vida, y aventura, y amor. No la artística impostura del amor, sino el amor que es capaz de derrumbar la vida, impetuoso, ingobernable como un ciclón en el corazón ante el que nada se puede, ya te arruine o te embelese. Yo debo sentir ese amor.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Dúnadan
- No es oro todo lo que reluce
- ni toda la gente errante anda perdida;
- a las raíces profundas no llega la escarcha,
- el viejo vigoroso no se marchita.
- De las cenizas subirá un fuego,
- y una luz asomará en las sombras;
- el descoronado será de nuevo rey,
- forjarán otra vez la espada rota.
viernes, 17 de diciembre de 2010
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Libertad Total
Como esa extraña sensación de cuando estás en la playa y hace calor. De repente te entran ganas de darte un baño. Te levantas de la toalla. Te acercas al agua. Te metes dentro. Pero el agua está fría. A veces muy fría. En ese momento, hay quien lo deja y vuelve a tumbarse y a soportar el calor. Otros, en cambio, se sumergen. Y tan solo estos últimos, después de unas cuántas brazadas, alcanzan a saborear hasta el fondo ese gusto único y un poco extraño de libertad total
martes, 14 de diciembre de 2010
Para Siempre
Dolor.
Solo sentía dolor.
Un dolor agudo y lacerante que me atravesaba el pecho. Notaba como una sustancia cálida y espesa resbalaba por mi frente, mi propia sangre, y me nublaba parcialmente la visión. Pero ¿de qué me servía en ese momento la visión? De nada. Solo alcanzaba a ver unas manchas de luz, que no sabía identificar. Me paré a pensar en los sonidos. Y, de repente, como si hubieran encendido un interruptor o subido el volumen de una radio, empecé a escuchar los ruidos que me rodeaban. Gritos, lamentos y sirenas de ambulancias. Pero, ¿cómo había llegado allí?
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8 horas antes
Por fin habían acabado las clases del día. Mientras salía, como todos mis compañeros, con una expresión de alivio y cansancio en el rostro, le vi. Allí estaba él, rodeado de sus amigos. De nuevo, indiferente a mí. Otra vez noté como esa indeferencia me hería en lo más profundo de mí ser, quizá más que mi anterior herida. Tal vez se trataba de la misma, que, al reabrirse, causaba más dolor que antes de cicatrizar. Quizás porque ya la creía cerrada del todo. Pero no. Allí estaba yo, en el aparcamiento del instituto, contemplando un pasado acabado, aparentemente ya lejano, dado que habían pasado más de dos meses, pero qué seguía doliendo como el primer día.
Que ironía.
Seguí caminando como si nada, en dirección a la puerta, pasando por su lado, sin esperar un saludo, un gesto, una mísera mirada.
Por eso me sorprendí tanto.
-Hola- escuché a mis espaldas. Creyendo, o casi convenciéndome a mi misma de que no iba hacia mí, seguí hacia delante. Alguien silbó. Me di la vuelta, y lo vi allí, de pie, solo, apartado de su grupo, haciéndome señas. Retrocedí unos pasos.
-No saludes, ¿eh?- me dijo
Fui lentamente a su lado y le di dos besos, que me quemaron los labios, y las mejillas, al contacto con los suyos, me ardieron con un fuego interior. El corazón me palpitaba con una fuerza inusitada.
-¿Qué tal?- le dije. La indiferencia de mis palabras me sorprendió. Estaba segura de que me temblaría la voz, pero actué como si nada, aparentando que no sufría mientras el fuego que se había originado con el contacto de sus labios me consumía entera y lentamente.
-Bien-dijo-¿Y tu que te cuentas? Hace un montón que no hablamos ¿no?
“Será porque tu no quieres”pensé. Ese era el tipo de comentarios que hacían que perdiera todo resto de timidez o reparo y dijera lo que se me pasara por la cabeza, sin complejos ni tonterías.
-Si, ¿verdad? Pues no sería porque yo me hubiera ido ni nada parecido. Si no recuerdo mal, he pasado por aquí todos los días. Más bien has sido tu el que ni me ha saludado.-Ya estaba dicho. Todos mis rencores de esos últimos meses ya habían salido a la luz.
-Ya, bueno, es que he estado liado con otros temas…-
Que excusa más tonta. A ver quien se traga la trola de “he estado dos meses liado con otros temas.” Tan liado que no le ha dado tiempo ni para saludar a una conocida, a una ex amiga, a una ex…ex nada.
No quería que volviera a dejarme de hablar, así que me tragué el malhumor y la rabia y sonreí.
-Claro, me lo imaginaba…- le dije. Qué hipócrita que puedo llegar a ser. Me doy asco.
-Oye, ¿quieres que quedemos? Hoy por ejemplo lo tengo libre…
Me quedé helada. ¿Quedar? “¿Qué pretende este chaval?” pensé, alucinada por la cara tan dura que tenía.”¿Qué querrá?”
Lo admito, soy muy curiosa. Tanto, que hasta acepté su oferta.
-Vale, por mí bien.- Dios, nunca creí que pudiera volver a esto.
-Entonces, ¿a las 5 en el banco de siempre?- me dijo eso, y sonrió. Inmediatamente me vi transportada hacia un pasado que me había obligado a olvidar, y que regresó hacia mí con una violencia que casi me derrumba. Sobreponiéndome, conseguí contestarle sin que me temblara la voz.
-Estupendo, entonces, ¡hasta esta tarde!- dije, y huí antes de que me diera otros dos besos, que quebrarían el fragilísimo muro de hielo que había conseguido crear en esos cinco minutos.
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Las luces blancas, las voces diciendo: “¡Por aquí, rápido!”, el ruido de las ruedas de la camilla que me llevaba…todo se entremezclaba. El dolor seguía ahí atravesándome como mil cuchillos al rojo, casi haciéndome perder la cordura. Pero, por encima de todo, como un cable hacia la lucidez y la razón, su voz, susurrándome al oído: “Tranquila, todo saldrá bien…”. Sentí de nuevo un líquido que caía por mi mejilla. Era cálido, pero no tan espeso como la sangre. Sus lágrimas. Noté como me pinchaban en un brazo y me introducían una sonda. También como me conectaban a un sensor que reproducía los latidos de mi corazón. Asombrosamente lentos y débiles. Como de un moribundo. Apenas me di cuenta de esto, caí en la inconsciencia, sumiéndome en un sopor tan profundo como la propia muerte.
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5 horas antes
Yo ya estaba en el lugar convenido a las cinco menos cinco. Él, para variar, llegó a y diez. Los quince minutos más largos de mi vida. Pude comprobar lo impaciente que puedo llegar a ser, y lo lento que puede pasar el tiempo mientras no haces nada. Mirando el reloj cada medio minuto, parecía que nunca llegaría. Pero, el tiempo pasó, inevitablemente, y por fin llegó.
-Lo siento por tardar, es que…
-No te molestes en inventarte nada, de todas las veces que hemos quedado nunca has llegado puntual- sonreí, consciente del sutil recordatorio que le había hecho de todo por lo que habíamos pasado juntos, de los momentos que habíamos vivido, y de tantas otras cosas…
Sonrió inocentemente, por lo menos demostrando que sabía de lo que le estaba hablando.
-Bueno, había pensado si querías que fuéramos a algún sitio…Como ya debes estar aburrida de este banco…
-Ya bueno…-dije, sin concretar nada. Las olas de recuerdos asaltaban mi mente como si de un acantilado con el mar en tormenta se tratase, golpeándola e intentando destruir mi racionalidad para dar paso al pasado.
-Es que tengo dos entradas para el cine, que me las han regalado, y pensaba que quizá podría apetecerte ir…
-Bueno, vale, no tengo ningún plan mejor.-dije, temiendo lo mal que podía sentarme. Seguramente me vendrían a la cabeza demasiadas cosas que sería mejor olvidarlas.
-Entonces, ¿vamos? La película empieza a las seis y media, así que todavía tenemos tiempo, pero mejor ir yendo, que con lo lento que caminas…-se rió entre dientes
-¿Qué película es?-pregunté, intrigada, temiendo a lo que me expondría.
-Prefiero que sea una sorpresa…
Ains, no había cambiado nada…
-Vale, vale, pero como me lleves a ver algo extraño…
-¿Desconfías de mí?
-Claro- afirmé sin dudarlo, en parte por no darle la razón, en parte porque sinceramente no me fiaba ni un pelo…
-Vale, vale…-se giró, como si se hubiera enfadado. Lo conocía lo suficientemente bien como para saber que era puro cuento, pero me sentí tentada a volver al pasado, aunque solo fuera por un instante, y tontear un poco, aunque fuera por última vez.
-Venga, no te enfades…Vale, confío en ti…-dije por lo bajo. Atisbé por el rabillo del ojo su sonrisa triunfal, y me tuve que contener para no reírme por lo bajo. Él creía que tenía las situación controlada, ¿verdad? Nada más lejos de la realidad. Ni se imaginaba lo que yo había cambiado en estos meses, la huella que el sufrimiento había dejado en mí. Ya no era la niña ilusa de antes, que no creía en las mentiras, y que pensaba que un amor de verano nunca se acabaría. Me di lástima a mi misma de solo pensar lo ciega que estuve.
Me pasó un brazo por los hombros (yo aluciné con el morro que tenía) y me dijo:
-No estaba enfadado, tonta…
Ains, no se que tendría este chico que me derritió por completo…Me apreté junto a él, en parte porque estaba helada, y en parte porque le había echado mucho de menos. Tanto que hasta se lo dije.
-Te he echado de menos…-dije por lo bajo, casi temiendo que me escuchara. Pero me oyó.
-¿En serio? Que va, si claro.
-¡En serio! ¿Qué pensabas, que soy de hielo?
-Vale, vale…
Nos quedamos callados un buen rato, hasta que llegamos al cine. Tenía razón, ya casi no nos quedaba tiempo para nada, así que nos metimos directamente en la sala.
Qué buenos sitios había pillado. En medio de la sala.
-Uau- dije
-¿Qué? ¿Buenos sitos, eh?
-Y que lo digas…
Yo seguía sin enterarme de qué película era…La intriga me carcomía, pero el sentimiento que me dominaba era la sensación de haber vuelto al pasado, de que estos últimos 2 meses nuca habían pasado, que todo volvía a ser como antes.
Nos sentamos en las butacas, y, al poner mi brazo en el reposabrazos, rocé sin querer el suyo. Algo parecido a una descarga eléctrica me sacudió por dentro, y me estremecí.
-¿Qué te pasa?-me dijo, al notar mi ligero temblor
-Nada…-dije, con un hilo de voz
-Ya, seguro, bueno, vale, no me lo cuentes.-Pero al decir esto, en vez de alejarse, acercó su rostro al mío, y me vi reflejada en sus ojos. Alucinante…
De repente fui consciente de que la sala estaba vacía, solo estábamos nosotros solos.
Y, movida por un extraño impulso, me dejé llevar y uní mis labios con los suyos.
Y un par de horas después entrábamos a su casa, a su habitación, como tantas otras veces hiciéramos en el pasado…
*********************************************
Desperté. Me dolía atrozmente el pecho y la cabeza, y no podía abrir los ojos.
Oía los latidos de mi corazón débiles y distantes. Moví un poco la cabeza, y acto seguido noté que alguien se acercaba.
-¡Por fin despiertas! ¿Cómo estás?- era él.
-No lo sé…-susurré, al no tener fuerzas como para hablar en un tono de voz más alto.- ¿Dónde estoy?
-En el hospital
- ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
-Tuvimos un accidente, ¿no lo recuerdas?
-¿Accidente? ¿Cómo? ¿Cuándo?
-Cruzamos un paso de cebra y un coche nos atropelló
-¿“Nos”? ¿Y tú cómo estás?
-Bien, estoy bien.
-¿Seguro?-haciendo un esfuerzo para mover la mano, palpé la suya, y luego su brazo, notando una escayola- ¿Entonces qué te ha pasado en el brazo?
-Ah, bueno, lo del brazo no es nada, me lo he roto, pero tranquila, ni siquiera me duele.
Suspiré y me recosté en las almohadas.
-¿Estás bien?- oí que me preguntó, pero no tuve fuerzas para contestarle, y volví a quedar inconsciente.
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Dos horas antes
Salimos de su casa una hora más tarde, me iba a acompañar a la mía, ya que seguía teniendo toque de queda. Hablábamos de todo un poco, hasta que yo pregunté:
-¿Lo volverás a hacer?- Sin más explicaciones, creí que sabría de lo que le hablaba. Craso error, no llegaba a tanto.
-¿El qué?
-¿Cómo que el qué? Dejarme de lado durante dos meses seguidos, pasar de mí, y luego, de repente, volver conmigo. Y no voy a pedirte explicaciones porque paso de que me cuentes alguna movida extraña. Pero me deberías una explicación.
-Mejor, no tengo excusa. Y claro que no volveré a hacerlo.
-¿Volvemos a estar juntos, no?
-Claro, cielo
Sonrió, con esa sonrisa que sabía que me derretía, que invalidaba mis pensamientos y me llenaba la mente del deseo de volver a estar con él a solas…
Me besó, pero no un beso normal, era uno que parecía querer grabarlo a fuego en su mente. Presionaba mis labios con suavidad, pero también con insistencia. E introdujo su lengua entre mis labios. Me estremecí. Sin darme cuenta, me había ido empujando lentamente hacia la pared. Me rodeó con sus brazos y se apoyó en ella. Se separó un momento y volvió a mirarme…Suspiré, y volví a acercar mi boca a la suya.
******************************************
Volví a recuperar la conciencia. Seguía teniendo los ojos vendados, pero el dolor había remitido. Por lo menos era soportable. Oí unas voces a mi lado, y reconocí la suya, y la de alguien que parecía un médico, dado el tono en el que hablaba y las palabras que usaba.
-Entonces ¿no tiene solución?- Era él, y se le estaba quebrando la voz.
-No. En el mejor de los casos, si sobrevive, se quedará ciega. Las esquirlas de cristal han dañado demasiado profundamente sus ojos. No podrá volver a ver.
-¿Qué?- susurré, e inmediatamente los dos se acercaron a mi cama
-No debería estar despierta, le administraré más sedantes- dijo el médico, y se marchó apresuradamente.
-No puede ser verdad lo que han dicho, dime que no es verdad.- dije, en un tono de voz tan bajo que no estaba segura de si me había oído.
Noté en la mejilla gotas cálidas, lágrimas, sus lágrimas.
-No, no puede serlo…-susurré, implorante.
-Lo siento, de verdad que lo siento…-me dijo, con la voz tan quebrada que apenas se le entendía.
-No, no es culpa tuya…No digas eso…
-Sí, sí lo es. Si yo me hubiera puesto en medio, entre tú y ese coche, ahora mismo tú estarías bien, y sería yo el que tendría heridas irreversibles.
-Déjalo. No se puede hacer nada para cambiar los hechos. Ha pasado así y ya está. –Hice una pausa para tomar aire, notaba que me iba a desmayar en breve y no quería hacerlo antes de decirle una cosa.- Te quiero, no lo olvides nunca, por favor, te quiero…
-Yo también, cielo, yo también…
*******************************************
Una hora antes
Ya casi estábamos en mi casa. Qué pena. Ojalá el tiempo se parase.
-Te quiero, lo sabes ¿verdad?- le dije
-¿En serio?- ya me estaba empezando a picar otra vez
-Claro que sí.
Seguíamos andando mientras hablábamos.
-Ya, claro.
-¡Que sí!
Delante de un semáforo en rojo, me paré delante de él, mirándole a los ojos. De repente, un coche iba demasiado rápido, subió a la acera y…
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Me sentía etérea, frágil y transparente. Miré a mis manos, y vi a través de ellas. Entonces lo comprendí. No había sobrevivido. En cuanto entendí esto, reconocí el sitio donde estaba. El cementerio. En la tumba que tenía delante ponía mi nombre. Entonces, empezó a llegar gente. Mi familia, mis amigos y amigas, conocidos, todos ellos venían a decirme adiós. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Estaba contemplando mi propio funeral.
Al final acabó todo. Vi irse a todos los que habían asistido, vi a mi madre llorando, a mis amigas lamentándose. Pero no le vi a él. Me quedé allí, en el cementerio, un buen rato. No quería irme sin al menos verle por última vez. Al final, vino. Al atardecer, se acercó a mi tumba. Llevaba un ramo de rosas teñidas de negro, mis favoritas. Las depositó al lado de la lápida.
-No sé si estarás aquí, si podrás oírme -dijo- pero quería que supieras que nunca te olvidaré, ¿vale? Espérame, dentro de poco me reuniré contigo…
Tras oír estas palabras, me dejé llevar hacia arriba, por una misteriosa corriente.
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Tres días después, en todos los periódicos salía el reportaje de un accidente de coche, fatal para un chico, que ocurría en las inmediaciones del otro siniestro igual a ese. Ahora volvemos a estar juntos, este si que es un “para siempre”…
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