sábado, 24 de diciembre de 2016

Inexorable

Nos pasamos la vida esperando a que pase el tiempo, o temiéndolo. Esperando que lleguen las 3 de la tarde para salir del trabajo, o temiendo que suene el despertador a las 7. Deseando que llegue un día concreto, o que no llegue nunca. Pero llega. Todo. Siempre. ¿Y qué?

Acaba siendo por fin ese día que esperábamos, y cuando termina empezamos a esperar el siguiente. O viceversa, con los días temidos, los que no hacen ilusión. Los que nos da miedo como nos podamos sentir. Incluso los buenos nos dan miedo, porque puede que al final no sean tan buenos como pensamos. No sabemos. Puede que en ese día ni nos acordemos de la fecha, o la tengamos a todas horas dándonos vueltas a la cabeza. Puede que hayamos pasado página de aquello que pasó ese día, hace uno, tres o cinco años. Puede que la fecha nos haga ver que seguimos enganchados a ello, y que pese a todo, no logramos recordarlo con nostalgia, sino que sigue doliendo.

18 de marzo, 5 de mayo, 5 de junio, 26 de julio, 17 de octubre, 29 de octubre, 17 de diciembre. Al final solo son un conjunto de horas, ordenadas de esa forma porque a alguien le apeteció. Y nos traen recuerdos que a veces no querríamos volver a sacar a la luz, y otras veces que nos hacen despertarnos con una sonrisa. O que nos demuestran que pase lo que pase, se puede salir de cualquier pozo en el que estemos metidos.

Solo son fechas. Solo son horas.

domingo, 19 de junio de 2016

Sueños y 5 horas

Soñé contigo. Como suelo hacer en casi todas mis noches. Pero esta vez tenía algo de revelador. Íbamos buscando algo, al principio con cierta calma, pero luego con más urgencia. Cambiando de escenarios: bosques, prados, ciudades, pueblos, playas.. En mi sueño no llegábamos a encontrar lo que fuera que estábamos buscando. Ni siquiera se qué era. Pero lo que más me ha dejado huella es que, por mucho que camináramos, por muchas personas a las que preguntáramos, por mucha prisa que tuviéramos, no soltábamos las manos.






5 horas leyéndote. Leyendo tus últimos seis años. Leyendo cómo has ido cambiado, lo que han significado personas que para mí son poco más que un nombre, repetido en mil historias que me has contado, y que nunca han llegado a reflejar lo que sentías. Conociéndote de una manera que, por mucho que hablemos ahora, nunca llegaría a hacerlo. Porque me has abierto tu alma no solo hoy, sino en el pasado.

Me resulta muy curioso identificarme con muchas de las entradas que escribiste hablando de ti. De cosas de las que te ibas dando cuenta que formaban parte de ti, o de las que estabas cambiando de idea. En muchas ocasiones tuve que limpiar la humedad de las gafas para poder seguir leyendo, porque has provocado en mí una empatía que casi sentía que era yo la que estaba en tu lugar. Lo transmites de tal forma que he podido ver en mi cabeza todos los momentos de los que hablas.

Haces que lo que más ganas tenga de hacer ahora sea, en primer lugar, darte un abrazo. Un abrazo tan grande que expresara todo lo que he ido sintiendo en estas últimas cinco horas. Porque solo podría conseguirlo con un abrazo; las palabras aquí se quedan cortas. Y después, llevarte a hacer todas estas cosas de las que clamas tener ganas, pero al final no haces. Llevarte a escalar un árbol, a perderte por el monte de noche mientras tienes ideas profundintensas inspiradas por el universo que se cierne sobre tu cabeza, de locura a cualquier sitio que se te ocurriera sin importar lo que dejas atrás. Y por último, dejar que te vayas. Dejar que experimentes, que vivas, que sientas, que viajes, sí, tu sola. Porque es lo que mejor he podido entender: tu necesidad de independencia, y todo lo bueno que trae consigo.

Ojalá pudiera ser ese nadie a quien escribiste hace tanto tiempo. Porque siempre esperaré que vuelvas a buscarme, para volar a tu lado.

Y con esto me reafirmo en lo que llevo pensando ya más de un año: eres una persona profundamente preciosa. Con todos los significados y matices que se puedan encontrar a ambas palabras.

Por esto, y por todo lo que me has dado y me das, gracias.

No se qué decir

Intento escribir y no me salen las palabras. Intento pensar, pero solo tengo un nudo en la garganta.

Intento acercarme a ti, pero ya no me dejas. No correspondes a mis caricias, los abrazos son solo por mi parte. Ha sido la peor noche en mucho tiempo, pero aun peor ha sido despertar.

No estamos sabiendo tratarnos. Ni pasar tiempo juntas. Ni estar juntas, en definitiva. Todo se está tambaleando tanto, que me da la impresión de que aferrándonos a los restos como estamos haciendo, solo conseguimos que comience a derrumbarse.

Se me han quedado mil cosas por decirte. No has querido oírlas. No has querido despedirte, y no se cuánto tiempo pasaré sin verte. Cuánto tiempo pasarás sin querer saber de mí. No creo haber visto tanto rencor en tus ojos como lo he visto hoy. Tanto enfado, tanta decepción. Y, al fondo, tanta tristeza.

Te echo de menos. No se qué más puedo decirte.

domingo, 29 de mayo de 2016

La cabeza llena de pájaros, el pecho lleno de plomo

Mentiría si dijera que no he releído todo mil veces. Los mails, las entradas a los blogs. Temas diferentes, personas diferentes, que ocupan tanto en mi cabeza, día tras día. La dificultad (o imposibilidad) de hablarlo hace que crezca, porque no hay otra cosa que hacer que darle vueltas.

Y pesa. Todo acaba pesando, sintiéndose constantemente. Sin saber cómo llevarlo, cómo solucionarlo, cómo vivir con ello. Las palabras dejan de salir.

Pero hay que encontrar una forma de salir adelante, de seguir, porque el mundo no va a parar a mi alrededor, aunque no pueda seguirlo. Inconscientemente voy buscando nuevos focos de atención, nuevos proyectos, nuevas ideas. Aún no se qué decir al respecto de los que parece que se han quedado un poco atrás.

Lo que sí que me queda es un alivio inmenso, una alegría inmensa, al saber que reconstruir otras vidas está siendo posible, está saliendo adelante. Reconstruirlas, o darles otra vuelta, para enfocarlas de manera distinta, descubriendo lo que parecía que no saldría a la luz.

No voy a quedarme atrás.

miércoles, 11 de mayo de 2016

"Somos los que fueron tanto siendo nada"

Sigo trabajando en ello. Sigo pensándolo, sigo buscándolo. Sigo dando pequeños pasitos para conseguirlo. No lo he olvidado. Porque lo prometí. Porque me lo prometí.

He pedido promesas que no me correspondía esperar. He esperado fuerzas que no me correspondía exigir. He exigido aceptar decisiones que no me correspondía imponer. He impuesto situaciones que no quería.

Eran la única manera. La única manera de que algún día sea todo como espero. No por magia, por paciencia. Paciencia que se tambalea con los embates de la preocupación. De la responsabilidad que he acabado llevando sobre los hombros.

Pero no será necesario soportar esa paciencia durante mucho tiempo más. Con razones de peso, puedo afirmarlo. Mientras tanto..

"I hope that you remember me"

jueves, 14 de abril de 2016

Rectificar es de labios.

 Apagafuegos, cómete la vida a muerdos.

No pierdas ni mates al tiempo 
que es consejero alentador 
y no hay motor que no se encienda 
si no que de ti no dependa 
así que arranca ya el calor

La energía no se crea ni se destruye, no? Solo se transforma. El universo se mueve por energía. Quién te dice a ti que no influye que sea positiva o negativa? Quién te dice a ti que querer no es poder? Quién te dice a ti que si le mandas energía positiva a todo lo que te rodea, no acabarás consiguiendo lo que buscas? 

Quién te dice a ti que no te lo mereces?

La respuesta está dentro de ti. Creo que ya la sabes. Y si no, yo la se. 

martes, 29 de marzo de 2016

"Inundas..

..y arrasas"



Randy Olson, Paul Nicklen, George Steinmetz, Diane Cook + Len Jenshel, Annie Griffiths Belt, Reza y Fritz Hoffmann.

Go for it.

jueves, 28 de enero de 2016

Éramos dos cometas que no estaban destinados más que a rozarse.

Y sin embargo, chocamos. Y al chocar no solo casi nos destruimos, sino que casi destruimos también al planeta al que orbitábamos. Nuestro punto de anclaje en el universo, sin el cual vagaríamos perdidos.


Uno de los dos cometas, tras el choque, tomó una dirección más cercana al planeta. Siguió en su órbita, más cerca, atrayendo los pequeños trozos de asteroides que ayudarían a ir llenando poco a poco los cráteres causados.

El otro cometa tomó la dirección contraria. Ya no orbitaba al planeta, sino que solo se acercaba de vez en cuando, un fugaz recuerdo de lo que una vez fue.

Y lo que nadie pareció notar es que los que acabaron más lejos fueron los dos cometas, que no volvieron a aproximarse.

Ahora, fruto de sus respectivos movimientos con respecto al planeta, parece que los cometas podrían volver a acercarse.

El recorrido del planeta es lo que resta para resolver esa ecuación.