Vale que mi vida sea un batido constante de cosas que hacer, cada una en un extremo de la ciudad, y que vaya cual torbellino de un lado a otro. Pero al menos cada una de esas cosas es estable a su manera. Se que está ahí, se qué me voy a encontrar cuando llegue a ellas, y se lo que implica cada una.
Contigo no es así.
El cambio entre dos días perfectos y el callarme lo que pienso por miedo a que te vayas se puede dar en cuestión de minutos. Y el cuidado que quiero mantener es algo a lo que estoy muy poco acostumbrada. Yo que siempre he sido de arrasa con lo que veas y generoso no seas, contigo voy con pies de plomo. Por si acaso. Tal vez por esa costumbre de torbellinear allá donde voy. "Aquí estoy yo y esto es lo que pienso".
Contigo no funciona.
Estoy descubriendo ese nuevo miedo a que un comentario o actitud pueda hacer que no quieras quedarte. No eres estable. No soy estable. Quizá por eso tenga tantas ganas de que quieras seguir aquí. Puede que nos hayamos encontrado por casualidad, como dos cometas que vagan por ahí sin rendir cuentas a nada ni a nadie, y que chocan en el espacio. Pero vaya si voy a intentar tenderte un lazo, impalpable como la luz. No para atarte a mí, ambas somos libres. Sino para que, aunque sigas rondando por donde te lleven las circunstancias, sepas que al otro lado estoy yo. Que si tiras de ese lazo, cuando quieras podrás aparecer a mi lado.
Casi mágico, no?
Si lo quieres, es tuyo.
jueves, 30 de abril de 2015
sábado, 25 de abril de 2015
No hay serie de conexiones eléctricas en el mundo más maravillosa que la mente de un niño.
Con su lógica aplastante, y sus apreciaciones que ni el más erudito catedrático ha podido dilucidar. Su increíble memoria, su capacidad de retención y aprendizaje a enorme velocidad. Su imaginación desbordante, capaz de construir un castillo, un barco pirata o una nave espacial con la misma caja de cartón. Y también sus rabietas y su cabezonería, su negación a cualquier argumento razonable cuando no están consiguiendo lo que quieren.
Somos lo que se nos mete en la cabeza desde pequeños, por encima de cualquier cambio posterior. Somos los columpios del parque, los saltos en bomba a la piscina y los quesitos babybel. Somos los baños con juguetes y las películas de Disney. Somos las hojas de morera para los gusanos de seda. Y somos, por encima de todo, esa carrera llena de ilusión al ver a mamá en la puerta del cole. Somos, sin darnos cuenta, deseando serlo.
Ya lo dijo Picasso: "He tardado 90 años en aprender a pintar como un niño".
Somos lo que se nos mete en la cabeza desde pequeños, por encima de cualquier cambio posterior. Somos los columpios del parque, los saltos en bomba a la piscina y los quesitos babybel. Somos los baños con juguetes y las películas de Disney. Somos las hojas de morera para los gusanos de seda. Y somos, por encima de todo, esa carrera llena de ilusión al ver a mamá en la puerta del cole. Somos, sin darnos cuenta, deseando serlo.
Ya lo dijo Picasso: "He tardado 90 años en aprender a pintar como un niño".
martes, 21 de abril de 2015
Sin miedo a perdernos
Y huir, dejarlo todo atrás, con el sol de frente y tu mano sobre la mía. Rumbo al horizonte.
Olvidar el pasado y los constantes recordatorios de que ha existido. Esas llamadas de atención que no sirven sino para distraer de los objetivos del ahora. Que no tienen más sentido que revivir lo ya muerto y enterrado. Y que, con la suficiente fuerza de voluntad, pueden ser detenidas.
Porque para sinsentido, mejor echarle una carrera al viento.
Porque para echar de menos algo, que sea el sonido de las olas o el tacto de tu piel.
"Démosle color a este paisaje en blanco y negro".
Olvidar el pasado y los constantes recordatorios de que ha existido. Esas llamadas de atención que no sirven sino para distraer de los objetivos del ahora. Que no tienen más sentido que revivir lo ya muerto y enterrado. Y que, con la suficiente fuerza de voluntad, pueden ser detenidas.
Porque para sinsentido, mejor echarle una carrera al viento.
Porque para echar de menos algo, que sea el sonido de las olas o el tacto de tu piel.
"Démosle color a este paisaje en blanco y negro".
viernes, 17 de abril de 2015
Preludio al Caos
Sabes que estás perdida cuando su sola presencia te afecta el estad de ánimo. En este momento ya no hay vuelta atrás. Porque, cual adicta, buscarás ese chute de bienestar que sólo ella puede darte.
Con su mirada, con su sonrisa burlona, con sus ganas de ti.
Quizá no sea un sentimiento claro, aún no, pero en el fondo sabes que lo será, que lo acabará siendo si sigues buscándola tan a menudo. Y da miedo, claro que lo da. Es el momento de decidir si vas a quedarte en la tranquilidad insípida en la que vivías hasta que tus labios rozaron los suyos por primera vez, o si cogerás esa oportunidad, viva y emocionante.
Porque puede salir muy mal, puede hacerte desear no haber sentido nunca esa fatídica tentación.
Pero, sea cual sea el final, no te equivocas cuando presientes que cada minuto con ella valdrá la pena.
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