- ¿Por qué quieres acompañarme?
- Por varios motivo, yo no todos tienen que ver contigo - replicó ella. - En primer lugar, quiero ver mundo. Quiero conocer las grandes ciudades del norte, como Palmira y Damasco. Quiero visitar el zoco de Yathrib y el templo de la Kaaba, en La Meca. Quiero ver los vergeles del sur. Y quiero ir más allá, si mi suerte me lo permite.
- Eres una mujer extraordinaria. -le dijo.
- Todas las mujeres lo somos -repuso ella con una sonrisa -. Pero hay otro motivo.
- ¿Cuál es?
- Que te quiero, por supuesto.
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<Entonces, ¿no hay destino?> se preguntó.
Observó con mayor atención y recorrió los caminos uno a uno, y se dio cuenta de que a menudo llevaban a sitios completamente diferentes a lo que había esperado. Sin embargo, vio que también en muchas ocasiones los caminos podían abandonarse, y aunque muchas veces los imprevistos modificaban totalmente las decisiones iniciales de las personas, también, más a menudo de lo que había creído, la voluntad y los sueños personales llevaban al caminante al lugar a donde deseaba llegar.
Descubrió también que que había muchos tipos de caminantes: aquellos que sabían adónde iban,; aquellos que creían saber adónde iban: aquellos que no sabían adónde iban y sufrían por ello: aquellos que no sabían adónde iban y no les importaba...
Infinitos caminos e infinitas personas que tomaban decisiones todos los días, decisiones que podía cambiar sus vidas, decisiones que tejían un futuro, o infinitas posibilidades de futuro.

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