domingo, 19 de junio de 2016

Sueños y 5 horas

Soñé contigo. Como suelo hacer en casi todas mis noches. Pero esta vez tenía algo de revelador. Íbamos buscando algo, al principio con cierta calma, pero luego con más urgencia. Cambiando de escenarios: bosques, prados, ciudades, pueblos, playas.. En mi sueño no llegábamos a encontrar lo que fuera que estábamos buscando. Ni siquiera se qué era. Pero lo que más me ha dejado huella es que, por mucho que camináramos, por muchas personas a las que preguntáramos, por mucha prisa que tuviéramos, no soltábamos las manos.






5 horas leyéndote. Leyendo tus últimos seis años. Leyendo cómo has ido cambiado, lo que han significado personas que para mí son poco más que un nombre, repetido en mil historias que me has contado, y que nunca han llegado a reflejar lo que sentías. Conociéndote de una manera que, por mucho que hablemos ahora, nunca llegaría a hacerlo. Porque me has abierto tu alma no solo hoy, sino en el pasado.

Me resulta muy curioso identificarme con muchas de las entradas que escribiste hablando de ti. De cosas de las que te ibas dando cuenta que formaban parte de ti, o de las que estabas cambiando de idea. En muchas ocasiones tuve que limpiar la humedad de las gafas para poder seguir leyendo, porque has provocado en mí una empatía que casi sentía que era yo la que estaba en tu lugar. Lo transmites de tal forma que he podido ver en mi cabeza todos los momentos de los que hablas.

Haces que lo que más ganas tenga de hacer ahora sea, en primer lugar, darte un abrazo. Un abrazo tan grande que expresara todo lo que he ido sintiendo en estas últimas cinco horas. Porque solo podría conseguirlo con un abrazo; las palabras aquí se quedan cortas. Y después, llevarte a hacer todas estas cosas de las que clamas tener ganas, pero al final no haces. Llevarte a escalar un árbol, a perderte por el monte de noche mientras tienes ideas profundintensas inspiradas por el universo que se cierne sobre tu cabeza, de locura a cualquier sitio que se te ocurriera sin importar lo que dejas atrás. Y por último, dejar que te vayas. Dejar que experimentes, que vivas, que sientas, que viajes, sí, tu sola. Porque es lo que mejor he podido entender: tu necesidad de independencia, y todo lo bueno que trae consigo.

Ojalá pudiera ser ese nadie a quien escribiste hace tanto tiempo. Porque siempre esperaré que vuelvas a buscarme, para volar a tu lado.

Y con esto me reafirmo en lo que llevo pensando ya más de un año: eres una persona profundamente preciosa. Con todos los significados y matices que se puedan encontrar a ambas palabras.

Por esto, y por todo lo que me has dado y me das, gracias.

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