Iba a escribir una entrada narrando todo lo que pude esquematizar ayer, todas nuestras idas y venidas, nuestros encuentros y desencuentros. Llevo dándole vueltas a ello todo el día, pero a la hora de sentarme delante de la pantalla, he visto que para qué. Si ya sabemos lo que ha pasado, hemos hablado mil veces de ello, y qué narices, lo hemos vivido.
Lo que importa ahora es cómo nos sentimos. Cómo me siento.
Me resulta difícil arrancar, e intentar volcarme al cien por cien, cuando he llegado a un punto en el que no me siento cómoda haciéndolo con nadie. De hecho, ahora mismo y siendo sincera, ni siquiera sé si publicaré esto o se quedará enterrado como borrador. Seguramente acabe dándole al botón, pero sin sentirme segura, casi más pensando que va siendo hora de hacerlo que por querer hacerlo realmente. Qué contradicción..
He descubierto hoy que hace tiempo me perdí a mí misma. Dejé de considerarme algo individual, sino una parte de lo que conformaba un todo. No estaba completa sin la otra mitad. Dejé de poder describirme sin mencionarte, dejé de hacer cosas que no te implicaran, dejé de tener un espacio para mí. De dedicarme tiempo a mí, a lo que me gusta, a explorarme y a valorarme. De ahí que te preguntara tantas veces qué ves en mí. Necesitaba que fueras tú la que me dijera qué es lo que vale la pena de mí. Yo ya no era capaz de verlo.
A tu lado no me consideraba nada. Algo muy pequeño, a comparación. Que sí, podía tener cosas interesantes, que llamaran la atención, pero que se quedaban muy atrás con respecto a ti. Me sentía tremendamente pequeña, no me valoraba; no pensaba que valiera nada más de a lo que tú dabas valor. Y empecé a tenerte rabia, a echarte encima el sentirme así, cuando lo que siento es única y exclusivamente mío. No puedo elegirlo, pero puedo hacer algo al respecto. Puedo trabajarlo, darle sentido, y racionalizarlo. En su momento no me dí cuenta de que me sentía de esta forma, habría sido mucho más fácil de llevar de haberlo hecho. Me centré en otras emociones, en lo que me las causaba, y no en la emoción en sí. Es más sencillo buscar culpables fuera.
Me planteo por otro lado qué parte de mí se habrá arrancado a hacer esto porque tu lo hayas hecho primero. Pero no voy a darle más vueltas, no relacionarlo todo contigo es algo que me resulta completamente imposible en este momento.
Rebuscando en lo que queda de mi individualidad, tengo muchas ganas de volver a encontrarme. De hallar mi valor, solo mío. Mis proyectos, mis ideas, mis habilidades, mis planes, mis pensamientos, mis gustos, mis espacios. Liberarme de esa dependencia a la que me he aferrado, para, sí, poder estar contigo, pero no atada a ti. Sentirme única, libre, original. Y poder, no entregarlo, compartirlo.
Es muy complicado expresarme de esta forma cuando hay tanto manchado por la culpa. Siento que no tengo derecho de querer nada para mí, que por lo que he hecho no puedo buscar mi propio bien. No puedo tener una idea de estar mejor por mí misma, porque debería cuidarte solo a ti. Es otra razón por las que no estoy segura de querer publicar esto. Pero también he dicho miles de veces que la mejor manera de querer a alguien es queriéndose a uno mismo. Y no nos hemos querido bien. Ninguna de las dos.
Queda muchísimo camino por delante hasta poder completar mi tatuaje. Está ahí como un recordatorio, una promesa, un objetivo. Algo que no tengo claro de qué manera alcanzaré, sabré que ha sido así cuando lo haga, no es concreto ni tangible. Pero el concepto, aunque abstracto, está ahí.
Me gustaría que estuvieras esperándome al otro lado de esa puerta, sí. Pero la que espero que me abra al llamar es yo misma.
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Edit.
He estado dando vueltas en la cama sin poder dormir durante mucho, mucho rato, por los nervios de qué fueras a pensar cuando lo leyeras, si te podrías enfadar. Da la pauta de hasta donde se han llevado las cosas..
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