Me dijiste una vez que uno de tus miedos es acabar replegada en ti misma. Que para que no te hagan daño optes por no dejar acercarse a nadie, no dar el poder de hacerlo. En ese momento no supe qué responderte.
He llegado a la conclusión de que ese daño va a estar ahí siempre. Es algo que viene incluido en la vida. Absolutamente nadie es perfecto, todas las personas que te rodean eventualmente te harán daño. Intentar escapar de ello no te da la solución, solo te impide disfrutar de otras cosas. Pero para nada es un pensamiento pesimista.
Porque al final, lo que cuenta es si el daño ha valido la pena. Si ha habido más sonrisas que lágrimas, más días buenos que malos. Y en realidad, si has dejado que alguien se acerque tanto como para hacerte daño, es que lo ha valido. Si no hubiera momentos malos no valoraríamos los buenos, se trata de contrastes.
La neutralidad nunca ha sido lo mío. ¿Y lo tuyo? ¿Caerías de verdad en la monotonía de las medias tintas?
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